domingo, 19 de abril de 2015

«Quédate.»


Que las oscuras aguas de mis lágrimas te guíen por el túnel que hay hasta mi corazón, y allí al fin comprendas el dolor que me atormenta tomando forma de pesadillas.

Siento que la cerilla está a punto de consumirse; que es demasiado tarde; que las lágrimas han caído y las ilusiones con ellas, porque ya no hay nada que hacer, se terminó. Las últimas gotas de fuerza se han evaporado en el aire como la gran armadura que intentaba colocar en mi interior.

Y aun así la esperanza permanente a mi alrededor, como un faro en medio del mar o luciérnagas en la completa oscuridad, haciéndome evocar recuerdos que jamás se esfumarán; que nunca se largarán de este estúpido corazón.

Este cariño; este apego; este amor; esta lealtad; este aprecio; esta amistad, no sucumbirá. Caerá, tropezará, resbalará; pero, se alzará de nuevo "like a skyscraper."



domingo, 24 de agosto de 2014

Capítulo 7. Chico nuevo.

Cuando eres pequeña todo el mundo gira alrededor tuyo. No tienes que elegir nada porque ya lo hacen por ti. Si te metes en problemas tampoco importa, la culpa siempre irá a otra persona. El daño que se sufre entonces no es irrevocable, no se parece a la decisión que debo tomar ahora mismo, y que, aún eligiendo la correcta como si no, todo cambiará.

He tenido dentro de mí un caldo de sentimientos, en el instante en que esta persona que se encuentra delante, ha decidido abrir la boca para vaciarla de los secretos, o eso quiero creer, que habitaban en ella. Mi corazón iba a mil por hora, y lo sigue yendo, es decir, ¿Cómo poder estar tranquila, cómo no sonrojarte siquiera cuando ha dicho que conmigo es mejor? Sin embargo, también ha resaltado que le cabrea no poder alejarse de mí, que aparezca por todos lados, como si de un insecto que vuela en torno a él me tratase.

No sabía si me estaba dejando llevar por mis emociones, no sabía si lo que estaba a punto de hacer era lo adecuado, pero le contesté, sabiendo que no habría vuelta de hoja, y sometiéndome a las circunstancias que implicaban.

-Está bien –volví a repetir como hace unos minutos– aunque espero que estés diciéndome la verdad, porque si no la mentira acabará encontrándola.

-Estás muy filosófica –sonrió de medio lado con ojos brillantes, sólo como él sabía hacerlo.

Cada persona tiene una sonrisa diferente y que le hace especial de alguna manera, y con Charlie pude darme cuenta que era cierto. Rayos, este tío tiene razón, estoy filosófica. 

Reí interiormente de manera irónica: yo no era así.

[…]

Me decidí a dejar de cavilar en todo lo que me había rondado por la cabeza estos días. Me había dispuesto a confiar en Charlie, por lo que no meditaría más sobre eso y lo dejaría ir. Supuse que Sam estaría al tanto, por lo que todo empezaría de cero, como si nada hubiese pasado. Claro que, ahora trataría de no tener miedo y lo vería con otros ojos.

La tarde pasó lenta. La dediqué a estudiar y a hacer trabajos innecesarios que algún profesor siempre mandaba. No quería pensar en nada que me hiciese recordar a mi padre, y a pesar de que la mayoría de las veces lograba no hacerlo, otras se mantenía ahí, y no había cosa alguna que pudiese sacarla. Sólo el tiempo, me dije, pero aún así era consciente que esa palabra sólo calmaría el dolor. Mi padre nunca desaparecería de mi mente y mi corazón, por mucho tiempo que transcurriese.

Inspiré y expiré profundamente hasta que me calmé. Eran las 20:30, así que decidí darme una ducha e ir después al comedor donde estarían todos. Cat y Marie no habían vuelto en toda la tarde, y aunque no me cabía duda de que la segunda estaría en la biblioteca estudiando, no podría decir lo mismo de la primera.

Cuando estuve lista salí de mi habitación, lo suficientemente rápido como para chocar con alguien que iba en dirección contraria.

-Perdona iba demasiado deprisa, culpa mía –me disculpé antes de ver de quién se trataba.

No lo conocía, era bastante alto, con unos grandes ojos luminosos color miel, pelo castaño oscuro alborotado, un tono de piel neutral, y de nuevo una sonrisa única, torcida, encantadora, que hacía que uno de sus ojos fuese más grande que el otro. Era el tipo de persona que te encuentras y no sabes si correr a abrazarla o quedarte dónde estás.

-No te preocupes –comenzó restándole importancia– Me llamo Dylan, estaba buscando la habitación de mi hermana, teóricamente no puedo estar aquí.

-Soy Lily, Lily Autumn, ¿Cómo se llama tu hermana? Puede que la conozca.

De repente su preciosa sonrisa se borró, tardando una eternidad en contestarme y con un rostro realmente aturdido. Me inspeccionó detenidamente mientras sacudía la cabeza y finalmente respondía.

-No creo que lo hagas –y con esas palabras se alejó, dejándome sola en aquel interminable pasillo sin entender absolutamente nada.

[…]

-Me acaba de pasar algo súper raro –inicié mientras me sentaba junto a Cat y Marie.

-Cuéntanos, me he llevado toda la tarde de un lado a otro buscando al chico de esta mañana, pero no aparece. Así que me lo espero todo –Cat, cuando se le mete algo en la cabeza es imposible sacárselo. No tenía ganas de entablar una disputa con ella acerca de cuán cabezota es, así que no presté atención.

-Venía hacia aquí cuando me he topado con un chico y he tropezado sin querer. Al principio no paraba de sonreírme pero cuando le he dicho mi nombre se ha callado y se ha ido  –relaté, no acababa de entender bien que había sucedido para ese cambio de actitud.

-A veces creo seriamente que eres tonta  –mencionó Marie riéndose – Está claro que te conoce, no significa que tú también a él.

-Eso lo sabe hasta Cat, no soy tan torpe –sonreí sacándole la lengua a ambas– Aún así sabes que soy demasiado curiosa como para dejar esto a un lado.

-¿Dejar qué? –Era Charlie, y Sam estaba con él, como si anduviese en otro mundo.

 Está bien, había una sola cosa que sí la iba a dejar de lado, pero eso era porque no tenía nada que descubrir, porque confiaba en que no.

Lo que sucedió a continuación fue muy rápido, pero no tanto para no advertirlo. Dylan, el chaval de antes, entró en el comedor seguido por una chica que tendría nuestra edad, pero en la cual no pude fijarme bien, ya que se situaba detrás de éste y sus facciones se ocultaban. Se volvió a observarnos, pero sorprendentemente no me miraba a mí como era de suponer, si no a Charlie. Desde donde me situaba era capaz de ver su mirada tornándose oscura, sus manos cerrándose en puños y todo su cuerpo en tensión. Analicé de soslayo a Charlie, también le contemplaba, pero no había rastro alguno de lo que había percibido en Dylan. Era más bien sorpresa, desconcierto, conmoción, nada de odio, desprecio o repulsión.

No iba a obtener respuestas, así que las buscaría yo misma.

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Buenas tardes chicos :). No sé si alguno se ha dado cuenta, pero éste capítulo debería de haberlo subido ayer, así que disculpadme. La razón es porque no fue mi mejor día y no me encontraba dispuesta para avisar a todo el mundo y demás, no tiene nada que ver con que no lo tuviese escrito. Estos capítulos los hice hace tiempo y nunca me había imaginado subirlos pero una amiga mía (@_stayrighthere_) me convenció de ello. Espero que me perdonéis y que lo hayáis disfrutado. 
Quería decir también que la semana que viene no estaré en mi pueblo, pero tranquilos, subiré otro capítulo mañana para recompensaros justo antes de irme, así que tendréis la entrada nueva un poco antes de tiempo. 
Ya no me enrollo más y termino con lo mismo de siempre: comentad por tw o blog por favor, qué os parece y si puedo mejorar en algo, se acepta lo que sea. Vuestros comentarios me hacen muy feliz porque realmente me encanta hacer esto. Un beso a todos y hasta mañana <3.

sábado, 16 de agosto de 2014

Capítulo 6. Dame una oportunidad.

De todas las respuestas posibles e imaginables ésta no era, sin duda alguna, una de ellas. No quería saber la cara de espanto que tenía al conocer tal revelación, pero el rostro de Sam contestó a mis dudas, estaba aterrada.

-¿Te encuentras…? –empezó preocupado, pero no terminó la frase.

Lo observé confundida, no me miraba a mí, si no justo detrás. Comencé a entender mientras me daba la vuelta poco a poco, y me encontraba con lo que esperaba, Charlie. Sus ojos se encontraron con los míos, quedándonos así durante minutos. No sabría reflejar que expresión revelaba su mirada, y eso hizo que se me erizase el vello de mi nuca, por lo que finalmente aparté la vista.

-¿Pasa algo? ¿Por qué me miráis de ese modo? Resulta siniestro –dijo confundido, arqueando una ceja.

Pero había algo en aquellos ojos, en la forma en que me estudiaba, que declaraba que sabía algo. Eso hizo que permaneciese aún más nerviosa, incapaz de responder, pero Sam lo hizo por mí.

-No se encuentra bien y le estaba diciendo que debería irse a su habitación a relajarse –intenté resistirme, pero si mi amigo quería que descansase había encontrado el momento perfecto, porque no se me ocurrió como oponerme.

Aún así sabía que no iba a dormir ni nada parecido, porque tras lo que acababa de descubrir era nulo intentarlo. Sam quiso acompañarme, pero me negué rotundamente, no estaba dispuesta a que me siguieran tratando como una niña pequeña. Me despedí de ambos y, cuando iba subiendo las enormes escaleras, vislumbré que Charlie ya no estaba y que Sam me miraba, probablemente asegurándose que estaba bien. Rodé los ojos encaminándome a mi cuarto mientras encajaba algunas piezas. Partes tenían sentido, sin embargo, otras no. El moretón de Charlie, que aún se atisbaba en su cara, era una de las que sí, pero, ¿Qué tendría eso que ver para que tuviese armas y dinero en su habitación? ¿Podría eso justificar su comportamiento? ¿Por qué no hacía caso a Sam en vez de alejarlo? Demasiadas preguntas que no tenían respuesta.

[...]

Me hallaba abriendo la habitación cuando una mano apareció desde atrás y cogió mi muñeca para empujarme dentro del dormitorio. Estaba apoyada en la puerta, ahora cerrada, con un chico sobre mí, espera, con Charlie sobre mí. ¿En qué momento me había seguido? ¿Cómo no me había dado cuenta? ¿Quién demonios era este chico?

Tenía miedo de mirarle a los ojos y encontrarme con ese chaval que me había contemplado hace unos meses de esa manera, con ese odio reprimido y esas ganas de estrangularme. Pero lo hice, y así fue, ahí estaba. De nuevo esos malditos ojos, ni pardos ni miel, mezclados, escudriñándome. Me hacía daño en la muñeca, intenté zafarme pero intuí que era imposible, era mucho más fuerte que yo. Tenía ganas de llorar, de impotencia por no saber qué hacer, y de lo estúpida que había sido por creer que era buena persona y que, tal vez, todo tenía una explicación. No la tenía, Charlie Brooks no tenía remedio ni cura.

-¡¿Qué coño te pasa?! ¡Suéltame, me haces daño! –grité desesperada mientras las lágrimas empezaban a caer por mis mejillas, sin ser capaz de retenerlas.

De repente, tanto su rostro como su cuerpo se relajaron, soltándome al segundo, con una culpa y un arrepentimiento gigantescos  y palpables en todas sus facciones. Abrió la boca para decir algo pero le corté.

-Fuera de mi habitación –respondí, con toda la precisión de la que fui capaz llegados a este punto.

-5 minutos –fue lo único que contestó.

-¿Qué?

-5 minutos, y te prometo que si después de ese tiempo sigues queriendo que me aleje de ti, lo haré.

Traté de pensar qué decir. Ya no lloraba, pero seguía espantada por lo que podría haber estado a punto de suceder. No sabía qué coño hacer, no comprendía nada, todo esto era demasiado para mí, para cualquiera. Pero quería saber que ocurría, en el fondo era consciente de que por mucho que intentara deshacerme de Charlie y de todo este lío, acabaría metida de nuevo, era un imán para los problemas.

-Está bien, pero más te vale que no me arrepienta –accedí, y sonrió, pero no era su habitual sonrisa de suficiencia, si no de agradecimiento.

Me sonrojé sin poder evitarlo, no me reconocía en absoluto. Tenía miedo de este chaval, me ponía nerviosa su presencia por lo que pudiese hacerme, entonces,  ¿por qué cojones me sonrojaba? Más preguntas que no sabía contestar.

-Para empezar, siento muchísimo lo que acaba de pasar. En serio, no tenía intención de hacerte daño en absoluto –se detuvo aguardando mi respuesta, pero al no dársela, añadió mirando al suelo– No me lo perdonaría nunca.

-No…no pasa nada, supongo –conseguí articular, aquello no me lo esperaba para nada.

-He escuchado lo que has hablado con Sam, aunque eso ya te lo debes de imaginar –tomó una gran bocanada de aire y siguió, seguramente con lo más difícil– Tenéis que manteneros alejados de esto, es lo mejor para los dos. Tenéis que dejar de buscar respuestas de porqué soy así. Sobretodo tú, Lily. No entiendo porqué no puedo alejarme de ti, porqué lo pienso y al segundo lo descarto, porqué cuando creo que lo he conseguido ahí estás de nuevo.

>> Sí, mi padre hace lo que has descubierto, pero eso no me convierte mejor persona a mí que a él. Sé que es una injusticia pedirte que no te vayas, he intentado apartarme yo y no lo he conseguido, soy incapaz y eso hace que me cabree constantemente. No puedo ser mejor de lo que soy, pero cuando estoy contigo, o con Sam, puedo sentir que dentro de mí, algo malo se disuelve para ser reemplazado por algo bueno. <<

 >> Sé que puedo distanciarme de él, pero por alguna razón, no puedo hacerlo de ti. Por favor, no hay nada que revelar, eso que encontraste hace meses ya no está, me deshice de todo, de verdad. Si alguna vez... si alguna vez te vuelvo a dar motivos para apartarte, te juro que no haré nada para detenerte, todo se habrá acabado. Dame una oportunidad. <<
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¡Buenas noches a todos! Como siempre aquí tenéis el capítulo, ojalá os guste y por favor, me deis vuestra opinión sobre él (por tw o blog), si no os importa. Muchísimas gracias por leerlo todas las semanas, intento hacerlo lo mejor que puedo pero no sé si lo consigo. Espero que lo hayáis disfrutado :3, un beso muy grande <3.

sábado, 9 de agosto de 2014

Capítulo 5. Revelación.

Lunes. Primer día de la semana que todo el mundo odia, sin excepción. Estos días habían pasado muy deprisa y apenas me había dado cuenta de que el tiempo transcurría, lo único que hacía era dormir. Por primera vez en mi vida me alegré de levantarme de esa condenada cama y hacer algo, aunque fuese ir a clases.
Llevaba un jersey de lana beige con una L en él, unos jeans ajustados y unas botas beige de cordones. El pelo me caía liso por los hombros y usaba el maquillaje justo y necesario.

Me dirigía hacia la clase de Historia de la Comunicación intentando pensar lo imprescindible. Cat y Marie no estaban por ningún lado cuando me había despertado, así que me había preparado algo dudosa esperando encontrármelas en clase. Al tiempo de entrar escuché una voz familiar llamándome detrás, Sam.

-¡Lily espera! –gritó con cierta súplica en su voz, mientras corría hacia donde me situaba– ¿Por qué has venido a clase?

-¿Por qué debería no venir? No estoy enferma Sam.

-Lily sabes a lo que me refiero, deberías de haberte quedado descansando –me miró a los ojos y pude notar su angustia y algo más que no supe descifrar.

-Ya he descansado suficiente, me duele todo el cuerpo de estar en esa cama. Así que por favor aunque sé que te preocupas por mí, deja de verme como alguien indefenso e incapaz de hacer nada por sí misma –respondí, y no me arrepentí de hacerlo porque era la realidad– Sé cuidarme yo sola.

Parecía dolido por mis palabras e incapaz de retomar de nuevo la conversación, claramente le había afectado. Empecé a sentirme mal por él pero mantenía mis palabras, y aunque él no supiese verlo, en el fondo sabía que tenía razón. Me veía como alguien que tenía que ser protegida y que no se valía de sí misma, que necesitaba a alguien para hacerlo. ¿Tan débil parecía? No, no lo era, y tampoco quería que me viera así, sobretodo Sam.

Sonó el timbre haciendo que se sobresaltara. Le cogí la mano y se la apreté mientras le sonreía, dándole a entender que no pasaba nada. No me devolvió la sonrisa, pero asintió y me oprimió la mano un segundo, al tiempo que accedíamos juntos a clase.
Cuando entré observé cómo la mitad de la clase me contemplaba, sorprendida de mi aparición. Vislumbré a Cat y a Marie a la izquierda, en medio de todas las miradas dirigidas a mí, y advertí que ellas tampoco se esperaban que me presentase. Fui hacia allí para sentarme en un sitio que había detrás. Sam me siguió y cuando llegamos se colocó junto a mí.

Percibí que Charlie estaba a la derecha examinándome, y me percaté de dos cosas. Una, Sam lo había ignorado sin siquiera mirarlo. Dos, tenía que hablar con mi amigo urgentemente, justo después de las clases, para saber que sucedía con Charlie, de una vez por todas.

[…]

Las clases habían terminado. Guardaba los libros de la última asignatura que había tenido, mientras hablaba con Cat de los exámenes y si había comenzado a estudiar.

-Te va a parecer increíble, pero sí, he empezado con lo que se me da peor. El plan del director de no dejarnos salir ha funcionado –respondió haciendo una mueca de fastidio.

-Yo también lo he hecho, estoy deseando que empiecen para así poder acabar –imité a Cat y me puse la mochila a la espalda a la vez que seguía a ésta fuera de la clase. No podía aguantar más, así que pregunté– ¿Sabes si Sam estará con Marie en la cafetería?

-Supongo que sí, tenían esta última clase juntos y normalmente quedamos en ir todos –se limitó a contestar, aunque muy a mi pesar no decidió abstenerse y siguió– ¿Por qué lo preguntas?

-Dudas para un examen –convine encogiéndome de hombros.

Cat no escuchó mi respuesta, estaba embobada observando un chico que pasaba por nuestro lado, para luego perderse por el pasillo. Desafortunadamente no pude verle a tiempo, y entender porqué era merecedor de tanta atención por parte de mi amiga.

-¿Quién era ese? Conozco a todos los tíos buenos de aquí y te aseguro que ese no estaba antes –se apresuró a decir.

-Cat, se te habrá pasado, ¿Qué importancia tiene? Vamos a la cafetería, me muero de hambre –mentí irritada por las ocurrencias de mi amiga.

[…]

No tardamos mucho en llegar porque no estaba dispuesta a atrasar mi conversación con Sam ni un minuto más. La cafetería era enorme, las mesas se escurrían hasta el fondo en sitios donde mi visión no alcanzaba. Siempre estaba abarrotada, pero por razones inexplicables todo el mundo encontraba una zona donde comer.

Localizamos a Marie y Sam no muy lejos de la entrada y nos instalamos junto a ellos. Charlie no estaba, pero no me sorprendió, debido a lo que percibí en clase esta mañana. De todas formas, que no estuviese haría las cosas mucho más fáciles.
Le pedí a mi amigo un momento a solas y salimos de aquel lugar al pasillo, donde todo estaba más tranquilo. No me anduve con rodeos y comencé.

-Sam, ¿Por qué no está Charlie con nosotros?

-No ha podido venir –fue lo único que respondió aún estando nervioso. No paraba de cambiar de postura.

-Si eres mi amigo, dime la verdad. Ayer, cuando me desmayé, escuché como peleabais. También sé que oculta algo, y que tú sabes qué es. No te vale mentirme –solté de improvisto dejándolo descolocado.

Sólo pasaron unos segundos antes de que contestara, pero me pareció que fueron horas.

-Es cierto que hemos discutido cómo pudiste observar ayer y esta mañana. En cuanto a lo otro, no lo sé todo Lily. Sólo una cosa debido a que lo descubrí sin que él pudiese evitarlo. Me peleé con él porque no quiere hacer nada al respecto –suspiró como si se hubiese quitado un gran peso de encima.

-Sam, ¿qué es esa cosa?

-No puedo decírtelo, si Charlie se entera…

-No se enterará –le interrumpí segura, aunque realmente no sabía si lo iba a hacer, sólo quería saber qué pasaba.

-Está bien... –comenzó inseguro, pero siguió, y terminó, cogiéndome desprevenida con su respuesta – Su padre le maltrata.

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HOLAAA. Este capítulo tiene un gran final, al menos a mi me lo parece. Espero que lo hayáis disfrutado y como siempre digo, comentad por twitter o por blog. En el último capítulo las visitas me bajaron, pero mientras le siga gustando aunque sea a una persona lo subiré. Está claro que me ayudaría que subiesen las visitas pero si no puede ser me conformo con esto. Gracias de nuevo a los que comentáis siempre de verdad :3. Con esto me despido hasta la próxima semana <3.

sábado, 2 de agosto de 2014

Capítulo 4. Secretos.

El resto de la tarde ocurrió sin ningún altercado, apenas intercambiamos varias palabras. Me dediqué a leer para poder desahogarme un poco. Los libros eran mi válvula de escape, con ellos sentía que no estaba sola. Por muy mal que fuesen las cosas, un libro siempre iba a ser sincero conmigo, y  yo con él, no había ninguna mentira en ellos, eran leales.

Al principio se formó un silencio muy incómodo, pero luego me centré en lo que estaba haciendo. Eran las 17:15, pronto vendría Cat, Marie o Sam, y Charlie se iría de una vez. Lo observé unos segundos, concretamente el moretón que tenía debajo del ojo. No podía haberse hecho eso sólo con una caída, era más bien una consecuencia de una pelea, y siendo consciente de lo que era capaz de hacer no me extrañaría que lo fuese.

Me sorprendí a mi misma dándome cuenta de que el motivo del porqué Charlie estaba aquí era yo, y de que como había acordado anteriormente debía agradecérselo. Con lo que había sucedido no tenía la voluntad de hacerlo, pero me armé de valor y comencé.

-Charlie –llamé sin dejar de mirar el libro, mientras él se giraba para   examinarme –, creo que debería agradecerte lo que estás haciendo.

-¿Qué estoy haciendo? –preguntó desconcertado.

-Cuidarme, hacerme compañía; el término que quieras utilizar para esto –dije haciendo hincapié en "esto".

-Pues igual que lo hacen todos, no es extraño.

-Sí lo es, a ti no te caigo bien.

-Yo nunca he dicho eso –contestó al segundo, decidido y como si yo hubiese dicho un gran disparate.

En ese momento desvíe mi vista del libro para mirarle directamente a los ojos. Tardé un poco en responder a causa de mi asombro. Definitivamente Charlie Brooks era toda una caja de sorpresas.

-Siempre estás insultándome o metiéndote conmigo, no creo que hagas eso  con quien te llevas genial. Además todo sucede desde ese día en que…

Me callé de repente, culpándome a mi misma por desenterrar ese tema y asustada de su reacción. Era la primera vez que lo sacaba desde que sucedió, pero tenía la sensación que desde hacía unos días mi vida había cambiado completamente. Algo ocurría distinto en mí.
Me había dejado llevar hablando, pero eso con Charlie era imposible, siempre estaba aterrada por su presencia y por lo que fuese capaz de hacerme. Cuidaba mis palabras antes de decirlas y me mantenía alejada de cualquier problema con él, pero estaba claro que eso formaba parte del pasado.

Se quedó mirándome, no podía descifrar lo que significaba esa mirada. A veces, la mayoría del tiempo, era imposible saber en que estaba pensando o lo que su rostro parecía decirme; pero en reducidas ocasiones no hacía falta que hablase para saber lo que su cara reflejaba.

-Es cierto que no te trato muy bien, pero eso no quiere decir que no me gustes. Tengo mis razones para hacerlo –añadió minutos más tarde, intentando evitar el tema que realmente me interesaba.

-¿Cuáles son?

-Descúbrelas por ti misma –sonrió, y noté que me mareaba, aunque no sabría decir si era por miedo o fascinación. Su tono era agradable, pero su sonrisa tenía cierta ironía, era una clara indirecta por haberlo pillado aquel día.

Charlie me exasperaba, no había una sola vez en que no me sorprendiese con algo. Bien podía mostrarme una cosa en un minuto, que al siguiente parecía contradecirse así mismo.  No sabría expresar con claridad lo que le ocurría a mi mente cuando estaba con él, era como si ésta reaccionara cuando quisiera y sólo pudiera hacer caso a lo que mi corazón decía. El problema es que ni yo misma era consciente de qué deseaba expresarme. Seguía teniendo miedo, pero de alguna manera ya no me tensaba en su presencia. Sentía una especie de libertad que antes no sentía, como si me hubiese quitado algo realmente pesado de encima, aunque todavía percibía un peso en la espalda y un dolor intenso me recorría de arriba abajo algunas veces. Era un gran avance a como me había sentido en estos últimos meses, pero también tenía que reconocer que me estaba acercando más a Charlie, más de lo que desearía.

Temerosa de lo que pudiese llegar a hacer si permanecía con él en esa habitación un segundo más, me levanté, crucé la estancia y mientras abría la puerta respondí:

-Eso haré –y cerré de un portazo dejando a un Charlie descolocado pero riéndose de mi reacción a pesar de todo.

"Ríe mientras puedas –pensé."

[…]

A los cinco minutos de ocurrir eso, me arrepentí de haber salido del dormitorio en un ataque de nervios. Estaba en pijama y aunque no podía verme la cara y el pelo, algo me decía que no se encontraban precisamente bien. Charlie no había salido de la habitación, lo sabía porque no me había movido muy lejos debido a mi situación.

En ese momento, lo que más temía empezó a surgir en mi mente. No quería pensar en mi padre, me mantenía alejada a esa idea para que no surgiese el dolor. Aún era reciente y no sabía si podía soportarlo. Lágrimas comenzaron a aflorar, pero entonces vi a alguien rubio que venía hacia mí, asustado y con los brazos abiertos. Lo abracé, y el mundo se me tornó borroso, volví a caer.

[…]

No acababa de entender muy bien lo que había sucedido, recuerdos confusos acudían a mi mente.  Me acordaba de Sam llevándome hacía mi cuarto, diciendo que tenía que descansar. Su sorpresa al abrir la puerta y encontrarse con un Charlie muy tranquilo e indiferente a todo, y un gran moretón. Palabras sueltas de una fuerte disputa entre ambos, y a continuación todo negro.

-¿Cómo te atreves a dejarla sola sabiendo su estado?

-Se fue, no quería estar conmigo. ¿Qué querías que hiciera?

-¿Seguirla? Espera, ¿y ese cardenal? ….Charlie no me jodas, ¡¿otra vez?!

-No ha sido nada.

-Voy a…

-TÚ NO VAS A HACER NADA.

Yo observaba la escena como si me hubiesen drogado. Sólo quería dormir y escapar de la realidad, me consideraba débil por ello. Tumbada en mi cama fui cerrando los ojos hasta que escuché esas últimas palabras y lo siguiente que vi fue oscuridad.

Al menos advertí una cosa que antes desconocía: Sam sabía lo que le había pasado a Charlie, y yo iba a averiguarlo.

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BUENAAASS. Aquí os dejo el capítulo que toca, espero que os guste y disfrutéis con lo que escribo. Muchísimas gracias a los que me comentáis siempre, sé que no tengo muchos lectores pero me hace muy feliz ver que a los pocos que tengo les agrada jo. Perdonad por subir solo un capítulo a la semana, me gustaría poner más pero de verdad que no puedo. Comentad por twitter o por blog y gracias de nuevo por todo, sois geniales <3.

domingo, 27 de julio de 2014

Capítulo 3. Hay heridas que jamás sanan.

¿Cómo iba a ser mi padre? Pero… si estaba en coma, ¿Qué significaba esto?

-Lily, ¿Por qué no lo coges?

-Es… mi padre…

-¿QUÉ? ¿Cómo va a ser tu padre?

Lo cogí, traté de calmarme, puede que fuese mi madre, no tendría por qué ser él necesariamente. Sam me miraba intranquilo por lo que estaba pasando y sin dejar de moverse de un lado para otro.

-¿S…í?

-….

Nadie contestaba, se escuchaba a alguien respirando fuertemente, pero ni un solo sonido más.

-¿Hola?

-¿Lily… eres tú?

No había duda… esa voz era de mi padre, pero…había algo en ella diferente, como si intentara hacer un esfuerzo por cada palabra que pronunciaba, como… como si le costase la vida.

-Papá… Mamá me dijo…

-Tu madre no te mintió… ella no sabe que estoy hablando contigo… Acabo de salir del coma hace unos minutos…pero…

Cada nueva respiración era más débil…

-¡¿Papá que te pasa?! ¡¡Si has salido del coma ahora mismo, ¡¿Cómo es que puedes hablar, cómo es que puedes…?!

-Lily –me interrumpió con toda la precisión que pudo al hablarme–. Lily sólo…quería despedirme… de ti, estoy… haciendo un gran esfuerzo. Desde que… he salido del coma sé que voy a volver dentro de… poco, y sé que si vuelvo será… para siempre…, no me queda mucho tiempo…

Cada nueva palabra, un segundo menos.

Me quedé helada, no sabía bien que estaba pasando, hacía unas horas mi mayor preocupación era que el director no me dejaba salir del centro, y ahora no puedo afrontar todo esto… de golpe. Mi padre, aquel que me cogía en hombros de pequeña y me paseaba de un lado a otro mientras yo reía sin parar, aquel que cuando me caía me cantaba miles de canciones mientras me curaba la herida para que me sintiera mejor, aquel que me leía muchos cuentos todas las noches, y no se iba hasta que me quedaba dormida, aquel que ahora está al otro lado del teléfono despidiéndose de mí mientras yo estoy aquí parada en redondo.

Sam me cogió la mano, como si intuyese que lo necesitaba, más que nunca en este momento, pero no dijo nada, y se lo agradecí.

-Papá, ni siquiera sé cómo puedo estar hablando en un momento así, cómo puedo soportar esto que me estás diciendo, cómo debo hacerlo si no te voy a tener conmigo. Nunca te he dicho cuánto significas para mí, nunca me había imaginado algo así… y sé que no tengo tiempo, no tengo tiempo suficiente para decírtelo todo, para…

-Lily, tranquila, esas cosas no… hacen falta decirlas, se saben,… se saben aunque nunca se hablen. No puedo prometerte que no vas a… sufrir con esto… pero si puedo prometerte que no vas a… estar sola, eso lo sé,… lo sé con seguridad. Lily… te quiero.

No veía nada, absolutamente nada. Las lágrimas me salían solas, sin poder controlarlas, sin tener ningún poder sobre ellas. Habían ganado, habían ganado esta batalla. No podía parar, estaba temblando, sentía un vacío en el pecho que antes no, sin poder evitarlo dije…

-Yo también te… –se escucharon unos cuantos pitidos y el sonido de personas corriendo al otro lado de la línea, y se cortó, pero terminé la frase–…quiero…– mientras me abrazaba a Sam sin poder dejar de llorar.

Cada  nueva lágrima, un nuevo océano.

[…]

"La niña corría hacia el parque, deseosa de poder jugar por fin. Su padre le cogía la mano y la guiaba hasta allí. Cuando ésta llevaba un rato en un columpio, se cayó accidentalmente. No soltó ninguna lágrima, no le dio tiempo a hacerlo. Su padre se hallaba frente a ella curándole la herida mientras le cantaba su canción preferida."

"Aunque, hay heridas que jamás sanan."

Me acababa de despertar. Me había llevado dos días durmiendo. Sam y los demás me estaban cuidando. Mi madre y mis tíos se iban a mudar aquí a Londres, en parte para estar más apartados de los recuerdos de allí y en parte para no dejarme aquí sola después de esto.

Era domingo, me encontraba en mi habitación sentada en la cama, con las sábanas hasta la cintura. Delante de mí, en mis rodillas, estaba apoyada una bandeja con lo que parecía una sopa de zanahoria. Miré el reloj de pared que estaba justo en frente, era redondo y blanco metalizado, con unas iniciales a un lado, "RB", el nombre de alguna empresa de relojes imaginé.
Eran las 13:15 de la tarde. Marie estaba a mi lado con un libro de alguna materia, estudiando, aunque de vez en cuando me preguntaba si necesitaba algo y me obligaba a dar otra cucharada a la sopa, que por cierto era la peor que había probado nunca.

-¿Puedo dejar de comer esta porquería? Prefiero un menú del McDonalds a esta cosa aguada y rancia –dije de la forma más delicada posible, esperando que Marie se apiadara de mí y me hiciese caso.

-Perdona Lily, pero es domingo y había pocas cosas en la cafetería. No hemos encontrado nada mejor, Charlie pudo conseguir…

-Espera, ¿Qué? ¿Charlie?–interrumpí, totalmente anonadada ante lo que había dicho.

-Sí, decía que Charlie pudo conseguirte esta sopa, y menos mal porque te aseguro que no había nada mejor –respondió un poco sorprendida por mi reacción.

-Marie pero no acabo de entenderlo, ¿Qué pinta Charlie en todo esto?

-No te entiendo… ha estado cuidando de ti como todos, creí que ya te lo había dicho –añadió con el ceño fruncido.

Puse los ojos en blanco y traté de pensar en lo que mi amiga me acababa de comunicar. No podía entenderlo, Charlie me había estado cuidando y en mi interior sonreía ante esta idea, no era capaz de hacer nada al respecto.

Cuando Marie me había mencionado que  ella y los demás me estaban cuidando no incluí a Charlie en los demás, no podría imaginarme que eso sucedería, y aunque lo estuviese haciendo por algún beneficio suyo tenía que agradecérselo, sin importar nada.

-Lily, ¿te pasa algo? Tierra llamando a Lily. –contestó mientras movía la palma de la mano de un lado a otro.

-Eh… sí, sí. Lo siento, es que no lo esperaba. Ya sabes, Charlie siempre está molestándome, creí que no le caía bien –dije tratando de exculparme.

-Yo no creo para nada que no le caigas bien, si no todo lo contrario. Es su manera de decirte…

De repente se escucharon unos golpes en la puerta, interrumpiendo a Marie de lo que quisiera que me fuese a decir. Se levantó y fue directa hacía allí. Cuando abrió se encontró con Charlie al otro lado, con su habitual indiferencia, no hacía falta que moviese ningún músculo, de una manera u otra siempre era notable en su rostro.

Por un momento mi mirada se encontró con la suya, sorprendiéndome de una cosa al instante. Justo debajo del ojo derecho, algo arriba de la mejilla, tenía un moratón claramente visible y que sin duda alguna era reciente.

A pesar de todo y sintiéndome torpemente estúpida por no poder negarlo, era realmente atractivo. Volví mi cabeza hacia otro lado, sonrojándome otra vez y queriéndome matar por ello.

Marie rompió el silencio haciéndole la pregunta que quería saber.

-¿Cómo te has hecho eso? –preguntó sorprendida.

-Me caí jugando al fútbol –se limitó a decir–. Me toca estar aquí, Sam me ha dicho que viniese.

-Ah sí, es cierto. ¿Lily te importa? Tengo que estudiar.

-No, no, vete tranquila.

Marie se despidió de nosotros para irse a la biblioteca. Yo no le había dirigido la palabra a Charlie hasta que ésta cerró la puerta dejándonos solos, así que dije…

-Ese moratón es reciente, y hoy está lloviendo –comencé directa al grano.

-¿Y? –preguntó como si no le importase lo más mínimo todo aquello.

-Has dicho que te lo has hecho jugando al fútbol, es domingo y el gimnasio está cerrado, además llueve.

-Eres muy observadora, ¿sabes? Pero, ¿no te parece esa una buena razón de por qué me lo he hecho?

-Y tú eres demasiado listo, pero sé que no es así.

Me miró de nuevo, como si mi respuesta le hubiese asombrado. No sabía que decir, era evidente, así que continué por él.

-¿Me vas a decir cómo te lo has hecho o…

-¿O qué? No es asunto tuyo –me interrumpió tajante mientras desviaba su mirada hacia otro lado.

Mi paciencia había acabado, no iba a tolerar que me hablase así, quería saber que le había pasado, ¿Qué ocurría si ya conocía cosas de él que no debía?

-Está bien, haz lo que te dé la gana, como si me importase o me preocupase lo que hicieses. –contesté totalmente furiosa y resentida.

Pero, ¿tenía razón no? Yo no era nadie y no debía de meterme en su vida, lo cierto es que cuanto menos supiese mejor. Desde ese día no podía quitarme de la cabeza todo aquello. Siento miedo, pero aún así a veces actúo de forma repentina y ni yo misma sé la razón, debería alejarme de él; olvidarme por completo de todo; hacer como si nada porque al fin y al cabo, ¿si descubriese algo más no sería peor?
Me doy cuenta de mi terrible error nada más decirlo, de lo dolida que he parecido al pronunciarlo. Eso es lo que siempre se menciona cuando quieres expresar totalmente lo contrario, y no es así, ni me importa ni me preocupo por él, no.

Insertada en mis pensamientos, apenas me doy cuenta de sus ojos calándose en los míos. Otra vez esa mirada; esa intensa y deslumbrante mirada; como si con ella pudiese decirme y reflejar lo que no con palabras.

-Gracias por no hacerlo –susurró mirando hacia abajo.

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Buenos días, primero de todo quería disculparme por no poder subir el capítulo ayer, pero no pude conectarme y avisar a todas así que decidí dejarlo para hoy (me regalaron una máquina de escribir y aún lo estoy flipando). Espero que no os importe y que hayáis disfrutado del capítulo. Éste en concreto no me convence, pero no por lo que pasa, si no porque no sé si he sabido reflejar bien y contar el momento en el que el padre muere. Aún así ojalá que os haya gustado, confío en que poco a poco vaya mejorando. Sin más me despido, y otra vez pido por favor que comentéis en el blog o en twitter, dónde os venga mejor. Muchísimas gracias por leerlo, comentar y darle la oportunidad que siempre digo que le dais. Un beso a todos <3.


sábado, 19 de julio de 2014

Capítulo 2. Yo podría acompañarte.

Era como si estuviera entre dos mundos, no quería volver al mundo real donde me esperaban un sinfín de cosas que enfrentar y aguantar, no era débil, pero tampoco era siempre fuerte. Menos aún quería irme al otro mundo, a ese que va la gente cuando muere, a ese en el que mi padre estaba siendo enviado poco a poco. Me gustaría poder decirle cuanto le quería; todas esas veces que me he peleado con él; que le he gritado o dicho cualquier estupidez, borrarlas, y construir unas nuevas, junto a él, vivirlas de nuevo, pedirle perdón, pero eso no servía de nada… porque el daño estaba hecho. Un rayo de esperanza anudaba en mi interior, y haría todo lo posible para que ese rayo se convirtiera en tormenta, y no en una chispa, hasta que se apagase poco a poco.
Alguien me devolvió al mundo real, y no lo hizo de la manera más delicada posible, me dio con la palma de la mano en la mejilla repetidamente.
-¡AAAAAAAAAAAAAAAAH! SERÁS CABRÓN, ¡QUÉ DUELE!
Charlie, Sammy y Cat suspiraron aliviados.
-Lo siento, pero es que no reaccionabas y no sabíamos que hacer –contestó Charlie, notaba arrepentimiento y alivio a la vez en sus ojos, para mi gran sorpresa.
-Lily… ¿qué ha pasado? –añadió Cat, la respuesta le asustaba.
Puse los ojos en blanco y respondí.
-Era mi madre… mi padre está en coma.
[…]
Estaba en mi habitación, en mi habitación de la Universidad. Cat y Marie habían ido a traerme algo de la cafetería, Sam había ido a avisar al director de lo ocurrido, debería de haber ido yo, pero la idea de hablar del tema me aterraba, no sería capaz. Querían que Charlie se quedase conmigo mientras. Al principio me negué; estar a solas con el chico que me había mirado así esa vez, con esa mirada de odio y de muerte en sus ojos me espantaba; pero no encontré ninguna respuesta que convenciese y al final así fue.
Lo miré de reojo, no parecía la clase de adolescente que se pondría en un sillón a leer un libro, pero sin embargo ahí estaba, concentrado absorto en su lectura mientras yo lo miraba ahora de frente, asombrada por primera vez en su físico. No dejaba de preguntarme como alguien tan hermoso y a la vez tan vulnerable en esa postura podría tener un solo hueso de maldad en su cuerpo, pero así era, y no podía engañarme a mí misma.
Inesperadamente levantó la vista, pero yo fui más rápida y la volví a tiempo, sonrojada para mi sorpresa.
Odiaba el hecho de haberme quedado mirándole de esa manera, pero más odiaba que mi padre estuviese al borde de su muerte y yo anduviese pensando en algo así, en ese preciso momento.
 -Lily… ¿Qué te dijo tu madre después?
No sabía si debía contestarle, pero ¿qué más daba si lo hacía o no?, tampoco es que le importase demasiado, y la verdad necesitaba desahogarme, me daba igual con quién fuese. Así que lo hice.
-No eché demasiada cuenta, no podía hacerlo. Recuerdo que me dijo que llamaría con novedades, y que me tranquilizara, que todo iba a estar bien, pero yo no quiero tranquilizarme, yo… yo quiero estar con mi padre.
-Pues ve con él. ¿Qué pasaría? Los exámenes empiezan dentro de tres semanas, tendrás que ir y pasar las fiestas con tu familia de todas formas. Podrías trasladarte allí unos días y luego volver aquí para estudiar.
-No sería capaz, yo quiero estar con él hasta que se ponga bien…, y si me vengo y no se ha recuperado, no podría concentrarme en los estudios.
-En ese caso… deberías de ir a hablar tú con el director. Sam le estará explicando lo que ha pasado, pero lo básico, tampoco sabe muy bien que decirle.
-Es que no sé mucho, sólo lo que mi madre me ha dejado saber. Necesito ir… necesito estar a su lado, necesito verle –Había una sobrada desesperación en mi voz, y me di cuenta que Charlie lo sabía porque hubo una mueca en su rostro un solo segundo, demasiado rápido.
-Yo… yo podría acompañarte.                    
Le miré, atónita. Charlie, aquel chico moreno que había intentado hacerme daño una vez, pero que no había podido a causa de que Sam había entrado en la habitación; que me asesinaba con esos ojos preciosos que ahora eran tranquilos y llenos de sinceridad, pero que aquella vez podría eliminar a una sola mosca que se cruzase con ella; me estaba diciendo que podría acompañarme a ver a mi padre, y lo peor de todo es que parecía que lo decía francamente.
-¿Lo dices enserio? –no pude sacar otras palabras que éstas de mi boca.
-No podría bromear en un momento así –respondió en tanto que me miraba intensamente, con ojos vidriosos y claros, que podrían cegar a cualquiera y que aún a pesar de ser de un color miel mezclado con pardo y parecer normales, eran los más hermosos que había visto nunca.
-Per…Perdona, no puedo aceptar algo así. Te verías involucrado y perderías exámenes –conseguí articular.
Al responder esto, me observó totalmente sorprendido por mi respuesta, como si algo de lo que hubiese dicho le hubiera impactado. Me recorrió la mirada de arriba abajo; no como me había mirado otras veces, con ojos llenos de odio; si no totalmente fascinado.
-No lo sabes Lily, estoy seguro de que si hablas con el director te entenderá, te aplazará los exámenes o algo, puede hacerlo conmigo también –replicó seguro sin embargo, a pesar de lo nervioso que lo había percibido.
-No es necesario que me acompañe nadie, soy mayor de edad, puedo hacerlo yo misma. Además… ¿por qué querrías venir conmigo?
Le noté nervioso de nuevo. Charlie nunca se ponía así, sólo alguna vez que había creído que iba a contar lo que descubrí.
Se acercó a mí… pero llamaron a la puerta.                      
Eran Cat y Marie, la primera fue la que abrió la puerta, se quedó mirando la escena un momento sonriendo por lo bajo mientras Charlie se alejaba un poco. Marie llevaba en sus manos una taza de café y un dulce dentro de una cajita.
-Siento interrumpir, pero han llegado tus dos criadas con algo de comer, ¿le parece bien el menú que le hemos traído o prefiere otra cosa señorita Autumn? –respondió Cat mientras sonreía maliciosamente.
-Hubiera preferido un batido de vainilla, pero bueeeno, habrá que conformarse con lo que hay.
-Anda toma, come y calla –Reía Marie a la vez que se acercaba a mí dándome la comida.
No tenía mucha hambre pero me hice el esfuerzo de comer algo. Llamaron a la puerta, otra vez.
Sam. No venía solo. El director.
-Srta Autumn, ¿puedo hablar con usted un segundo? Le prometo que no será mucho.
-Eh… sí sí –Respondí algo aturdida mientras dejaba lo que me había sobrado de la comida a un lado.
Salí de la habitación ante la atenta mirada de todos. Creía que Sammy se iba a quedar dentro con los demás pero para mi sorpresa salió conmigo y el director fuera. Una vez cerrada la puerta, no tardó mucho en hablar.
-Su amigo Hudson me ha contado un poco que ha sucedido, perdona mi insistencia en hablar con usted pero tiene que entender que lo necesitaba. Me ha contado la historia y que pretende ir a visitar a su familia lo antes posible, le doy todo mi sincero apoyo pero me gustaría hablar con algún familiar suyo, aunque sea mayor de edad tienen que ser conscientes de que va a ir a verles.
-Muchísimas gracias… podría darle el número de mi madre pero no creo que se encuentre dispuesta, ya hablaré yo con ella, si quiere le doy el de mi tía.
-De quien sea, sólo quiero que estén al tanto.
Le di el número, mientras me decía que no me preocupase de los estudios y demás, no iba a suponer ningún problema, tenía su apoyo. Después de esto se fue, dejándome a solas con Sam en el pasillo.
Justo cuando Sam abría la boca para decir algo mi teléfono sonó de nuevo como había hecho hace unas horas. Pero esta vez no era mi madre, era…

¿MI PADRE?

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Buenas noches a todos, aunque sea pesada quiero decir que muchísimas gracias por leerme y por darle una oportunidad a esto. Quiero dejar claro que me encanta hacerlo y que la sonrisa que me sacáis con un simple comentario (sea bueno o malo para que mejore) es inmensa. Por eso mismo me gustaría que lo hicierais, unas palabras en el blog, en twitter por mención o por dm, da igual dónde, pero algo por favor. Espero que disfrutéis del capítulo y que os guste <3.