-Lily, ¿Por qué no lo coges?
-Es… mi padre…
-¿QUÉ? ¿Cómo va a ser tu padre?
Lo cogí, traté de calmarme, puede que fuese mi madre, no tendría por qué ser él necesariamente. Sam me miraba intranquilo por lo que estaba pasando y sin dejar de moverse de un lado para otro.
-¿S…í?
-….
Nadie contestaba, se escuchaba a alguien respirando fuertemente, pero ni un solo sonido más.
-¿Hola?
-¿Lily… eres tú?
No había duda… esa voz era de mi padre, pero…había algo en ella diferente, como si intentara hacer un esfuerzo por cada palabra que pronunciaba, como… como si le costase la vida.
-Papá… Mamá me dijo…
-Tu madre no te mintió… ella no sabe que estoy hablando contigo… Acabo de salir del coma hace unos minutos…pero…
Cada nueva respiración era más débil…
-¡¿Papá que te pasa?! ¡¡Si has salido del coma ahora mismo, ¡¿Cómo es que puedes hablar, cómo es que puedes…?!
-Lily –me interrumpió con toda la precisión que pudo al hablarme–. Lily sólo…quería despedirme… de ti, estoy… haciendo un gran esfuerzo. Desde que… he salido del coma sé que voy a volver dentro de… poco, y sé que si vuelvo será… para siempre…, no me queda mucho tiempo…
Cada nueva palabra, un segundo menos.
Me quedé helada, no sabía bien que estaba pasando, hacía unas horas mi mayor preocupación era que el director no me dejaba salir del centro, y ahora no puedo afrontar todo esto… de golpe. Mi padre, aquel que me cogía en hombros de pequeña y me paseaba de un lado a otro mientras yo reía sin parar, aquel que cuando me caía me cantaba miles de canciones mientras me curaba la herida para que me sintiera mejor, aquel que me leía muchos cuentos todas las noches, y no se iba hasta que me quedaba dormida, aquel que ahora está al otro lado del teléfono despidiéndose de mí mientras yo estoy aquí parada en redondo.
Sam me cogió la mano, como si intuyese que lo necesitaba, más que nunca en este momento, pero no dijo nada, y se lo agradecí.
-Papá, ni siquiera sé cómo puedo estar hablando en un momento así, cómo puedo soportar esto que me estás diciendo, cómo debo hacerlo si no te voy a tener conmigo. Nunca te he dicho cuánto significas para mí, nunca me había imaginado algo así… y sé que no tengo tiempo, no tengo tiempo suficiente para decírtelo todo, para…
-Lily, tranquila, esas cosas no… hacen falta decirlas, se saben,… se saben aunque nunca se hablen. No puedo prometerte que no vas a… sufrir con esto… pero si puedo prometerte que no vas a… estar sola, eso lo sé,… lo sé con seguridad. Lily… te quiero.
No veía nada, absolutamente nada. Las lágrimas me salían solas, sin poder controlarlas, sin tener ningún poder sobre ellas. Habían ganado, habían ganado esta batalla. No podía parar, estaba temblando, sentía un vacío en el pecho que antes no, sin poder evitarlo dije…
-Yo también te… –se escucharon unos cuantos pitidos y el sonido de personas corriendo al otro lado de la línea, y se cortó, pero terminé la frase–…quiero…– mientras me abrazaba a Sam sin poder dejar de llorar.
Cada nueva lágrima, un nuevo océano.
[…]
"La niña corría hacia el parque, deseosa de poder jugar por fin. Su padre le cogía la mano y la guiaba hasta allí. Cuando ésta llevaba un rato en un columpio, se cayó accidentalmente. No soltó ninguna lágrima, no le dio tiempo a hacerlo. Su padre se hallaba frente a ella curándole la herida mientras le cantaba su canción preferida."
"Aunque, hay heridas que jamás sanan."
Me acababa de despertar. Me había llevado dos días durmiendo. Sam y los demás me estaban cuidando. Mi madre y mis tíos se iban a mudar aquí a Londres, en parte para estar más apartados de los recuerdos de allí y en parte para no dejarme aquí sola después de esto.
Era domingo, me encontraba en mi habitación sentada en la cama, con las sábanas hasta la cintura. Delante de mí, en mis rodillas, estaba apoyada una bandeja con lo que parecía una sopa de zanahoria. Miré el reloj de pared que estaba justo en frente, era redondo y blanco metalizado, con unas iniciales a un lado, "RB", el nombre de alguna empresa de relojes imaginé.
Eran las 13:15 de la tarde. Marie estaba a mi lado con un libro de alguna materia, estudiando, aunque de vez en cuando me preguntaba si necesitaba algo y me obligaba a dar otra cucharada a la sopa, que por cierto era la peor que había probado nunca.
-¿Puedo dejar de comer esta porquería? Prefiero un menú del McDonalds a esta cosa aguada y rancia –dije de la forma más delicada posible, esperando que Marie se apiadara de mí y me hiciese caso.
-Perdona Lily, pero es domingo y había pocas cosas en la cafetería. No hemos encontrado nada mejor, Charlie pudo conseguir…
-Espera, ¿Qué? ¿Charlie?–interrumpí, totalmente anonadada ante lo que había dicho.
-Sí, decía que Charlie pudo conseguirte esta sopa, y menos mal porque te aseguro que no había nada mejor –respondió un poco sorprendida por mi reacción.
-Marie pero no acabo de entenderlo, ¿Qué pinta Charlie en todo esto?
-No te entiendo… ha estado cuidando de ti como todos, creí que ya te lo había dicho –añadió con el ceño fruncido.
Puse los ojos en blanco y traté de pensar en lo que mi amiga me acababa de comunicar. No podía entenderlo, Charlie me había estado cuidando y en mi interior sonreía ante esta idea, no era capaz de hacer nada al respecto.
Cuando Marie me había mencionado que ella y los demás me estaban cuidando no incluí a Charlie en los demás, no podría imaginarme que eso sucedería, y aunque lo estuviese haciendo por algún beneficio suyo tenía que agradecérselo, sin importar nada.
-Lily, ¿te pasa algo? Tierra llamando a Lily. –contestó mientras movía la palma de la mano de un lado a otro.
-Eh… sí, sí. Lo siento, es que no lo esperaba. Ya sabes, Charlie siempre está molestándome, creí que no le caía bien –dije tratando de exculparme.
-Yo no creo para nada que no le caigas bien, si no todo lo contrario. Es su manera de decirte…
De repente se escucharon unos golpes en la puerta, interrumpiendo a Marie de lo que quisiera que me fuese a decir. Se levantó y fue directa hacía allí. Cuando abrió se encontró con Charlie al otro lado, con su habitual indiferencia, no hacía falta que moviese ningún músculo, de una manera u otra siempre era notable en su rostro.
Por un momento mi mirada se encontró con la suya, sorprendiéndome de una cosa al instante. Justo debajo del ojo derecho, algo arriba de la mejilla, tenía un moratón claramente visible y que sin duda alguna era reciente.
A pesar de todo y sintiéndome torpemente estúpida por no poder negarlo, era realmente atractivo. Volví mi cabeza hacia otro lado, sonrojándome otra vez y queriéndome matar por ello.
Marie rompió el silencio haciéndole la pregunta que quería saber.
-¿Cómo te has hecho eso? –preguntó sorprendida.
-Me caí jugando al fútbol –se limitó a decir–. Me toca estar aquí, Sam me ha dicho que viniese.
-Ah sí, es cierto. ¿Lily te importa? Tengo que estudiar.
-No, no, vete tranquila.
Marie se despidió de nosotros para irse a la biblioteca. Yo no le había dirigido la palabra a Charlie hasta que ésta cerró la puerta dejándonos solos, así que dije…
-Ese moratón es reciente, y hoy está lloviendo –comencé directa al grano.
-¿Y? –preguntó como si no le importase lo más mínimo todo aquello.
-Has dicho que te lo has hecho jugando al fútbol, es domingo y el gimnasio está cerrado, además llueve.
-Eres muy observadora, ¿sabes? Pero, ¿no te parece esa una buena razón de por qué me lo he hecho?
-Y tú eres demasiado listo, pero sé que no es así.
Me miró de nuevo, como si mi respuesta le hubiese asombrado. No sabía que decir, era evidente, así que continué por él.
-¿Me vas a decir cómo te lo has hecho o…
-¿O qué? No es asunto tuyo –me interrumpió tajante mientras desviaba su mirada hacia otro lado.
Mi paciencia había acabado, no iba a tolerar que me hablase así, quería saber que le había pasado, ¿Qué ocurría si ya conocía cosas de él que no debía?
-Está bien, haz lo que te dé la gana, como si me importase o me preocupase lo que hicieses. –contesté totalmente furiosa y resentida.
Pero, ¿tenía razón no? Yo no era nadie y no debía de meterme en su vida, lo cierto es que cuanto menos supiese mejor. Desde ese día no podía quitarme de la cabeza todo aquello. Siento miedo, pero aún así a veces actúo de forma repentina y ni yo misma sé la razón, debería alejarme de él; olvidarme por completo de todo; hacer como si nada porque al fin y al cabo, ¿si descubriese algo más no sería peor?
Me doy cuenta de mi terrible error nada más decirlo, de lo dolida que he parecido al pronunciarlo. Eso es lo que siempre se menciona cuando quieres expresar totalmente lo contrario, y no es así, ni me importa ni me preocupo por él, no.
Insertada en mis pensamientos, apenas me doy cuenta de sus ojos calándose en los míos. Otra vez esa mirada; esa intensa y deslumbrante mirada; como si con ella pudiese decirme y reflejar lo que no con palabras.
-Gracias por no hacerlo –susurró mirando hacia abajo.
---------------------------------------------------------------------------------------
Buenos días, primero de todo quería disculparme por no poder subir el capítulo ayer, pero no pude conectarme y avisar a todas así que decidí dejarlo para hoy (me regalaron una máquina de escribir y aún lo estoy flipando). Espero que no os importe y que hayáis disfrutado del capítulo. Éste en concreto no me convence, pero no por lo que pasa, si no porque no sé si he sabido reflejar bien y contar el momento en el que el padre muere. Aún así ojalá que os haya gustado, confío en que poco a poco vaya mejorando. Sin más me despido, y otra vez pido por favor que comentéis en el blog o en twitter, dónde os venga mejor. Muchísimas gracias por leerlo, comentar y darle la oportunidad que siempre digo que le dais. Un beso a todos <3.